Todos los días se tiran grandes cantidades de alimentos en buen estado. Conscientes de esta realidad, en la escuela Rossend Montané del Alt Penedès, donde formamos parte con el proyecto del Tiempo Educativo del Mediodía, estamos impulsando una iniciativa transformadora orientada a reducir el desperdicio alimentario.
Este proyecto se desarrolla con la colaboración de Pont Alimentari , una iniciativa que facilita circuitos de aprovechamiento de los excedentes alimentarios con todas las garantías de seguridad y sostenibilidad.
A través de esta iniciativa, la comida que no se ha consumido pero que se encuentra en perfectas condiciones se redistribuye, lo que evita que se convierta en residuo. De esta forma, damos una segunda oportunidad a los alimentos y contribuimos a reducir el desperdicio.
Además del beneficio ecológico, este proyecto tiene impacto social. Las familias que se adhieren reciben una fiambrera con la comida que no se ha servido, fomentando así una cultura de responsabilidad compartida, consumo consciente y apoyo mutuo dentro de la comunidad escolar.
Más medidas para reducir el desperdicio
Esto no es algo aislado, sino que forma parte de una mirada global. Desde Fundesplai ponemos en marcha esta iniciativa como complemento a otras medidas que ya estamos aplicando hace unos años en los centros educativos en los que estamos presentes. Entre las medidas que ponemos en práctica destacan las auditorías de residuos, que nos permiten realizar un seguimiento de los alimentos que se desperdician, y así poder ajustar la planificación y reducir el desperdicio; la planificación cuidadosa de los pedidos, que consiste en calcular con precisión cada ingrediente y cantidad, evitando preparar más de lo necesario y minimizando el desperdicio; y el fomento de la autonomía de los niños y niñas, que se sirven ellos y ellas mismas la cantidad de comida que necesitan, lo que ayuda a desarrollar su autonomía, responsabilidad personal y capacidad de decisión.
Este conjunto de acciones permite que los niños, niñas y jóvenes participen activamente en el proceso, contribuyan a reducir el desperdicio y refuercen valores educativos y sociales durante el tiempo educativo del mediodía.
Gracias al esfuerzo de toda la comunidad educativa este curso hemos conseguido que el grado de desperdicio no se incremente respecto al curso pasado. Los datos obtenidos sitúan el grado de desperdicio en 39,30 gramos de media por menú servido.
Este proyecto muestra el potencial de las escuelas, familias y entidades del territorio cuando unen esfuerzos, ya que se consiguen resultados concretos y reales.
¿Cómo se aborda el derroche en nuestras casas de colonias?
Este tipo de actuación para reducir el desperdicio también se extiende a las casas de colonias que gestionamos, espacios donde niños, niñas y jóvenes combinan actividades lúdicas con experiencias educativas alrededor de la naturaleza. Mediante la realización de auditorías tanto de comida como del agua durante la estancia, los niños y niñas toman conciencia del valor de los alimentos y del proceso de la naturaleza, así como de los profesionales que intervienen en su producción y elaboración, fomentando al mismo tiempo una mirada más crítica sobre los hábitos de consumo y el desperdicio alimentario. Un dato relevante es que todas las escuelas disminuyen la cantidad de comida derrochada a medida que avanza la estancia, lo que indica que el factor clave no depende tanto del menú del día, como del proceso de adaptación y aprendizaje de los niños, niñas y jóvenes a lo largo del tiempo.

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