El inicio de la escuela es uno de los momentos más significativos en la vida de muchos niños y niñas. Para muchos niños y niñas representa la primera separación prolongada de la familia o bien el reencuentro con la escuela después de las vacaciones, un período en el que han estado rodeados de su entorno familiar. Esta nueva etapa representa un nuevo entorno, nuevas personas, diferentes espacios, rutinas y experiencias que habrá que ir descubriendo de forma progresiva.
Para las familias este cambio se vive como una mezcla de emociones entre ilusión, dudas y miedos. ¿Qué es el período de adaptación? ¿Cuánto dura? ¿Es normal que el niño o niña llore? ¿Cómo puedo ayudarle? En este proceso de adaptación, maestros, maestras, monitores y monitoras de comedor y actividades extraescolares, veladores/as y otros referentes educativos, tenemos un papel clave en el acompañamiento a niños, niñas, o familias, transmitiendo confianza y orientándolas en este nuevo camino.
Desde Fundesplai, en las escuelas donde estamos presentes, tenemos muy en cuenta este período, porque representa el primer contacto del niño y niña con un entorno nuevo. Una adaptación vivida de forma positiva contribuye al bienestar emocional del niño o niña y facilita sus futuros aprendizajes y relaciones. Por este motivo, a continuación compartimos contigo algunas recomendaciones para facilitar la adaptación a la escuela durante el mes de septiembre o en otros momentos de regreso de vacaciones.
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📝 13 Consejos prácticos para tener en cuenta al inicio de curso
1. Explicar el proceso de adaptación
Es importante explicar a las familias que cada niño o niña vive la adaptación de forma diferente. Algunos se integran rápidamente, mientras que otros necesitan más tiempo para sentirse seguros. El objetivo no es conseguir una adaptación rápida, sino que sea respetuosa con las necesidades emocionales de cada niño o niña. Por este motivo, existen escuelas que organizan el período de adaptación de manera progresiva, con el objetivo de facilitar la incorporación de los niños y niñas al nuevo entorno. Disponer de este conocimiento ayuda a las familias a entender qué puede suceder y también les permite participar y dar un mejor apoyo a sus hijos o hijas.
2. Transmitir confianza y seguridad
Es importante transmitir a las familias la importancia de establecer una relación de confianza. Por eso, como referentes educativos nos tenemos que mostrar disponibles a resolver dudas o miedos que puedan surgir durante el periodo de adaptación. También, es conveniente motivar a las familias a compartir información relevante sobre sus hijos o hijas, como por ejemplo sus necesidades, preferencias y hábitos, por ejemplo: le encanta la música, disfruta dibujando, tiene intolerancia a la leche, tiene miedo de los ruidos fuertes, tiene tendencia a la timidez o es muy sociable, utiliza un objeto de aferramiento…
3. Mantener una comunicación fluida
Hablar con los niños y niñas con fluidez y anticipar la información les proporciona seguridad, organización y claridad. También ayuda a anticipar qué va a pasar y favorece tanto la separación como el reencuentro después de la escuela. Por este motivo, es recomendable explicar qué harán, quién les acompañará, quién irá a buscarlos… reduciendo así la incertidumbre de los primeros días.
También, hay que recordar la importancia de la sinceridad y la empatía con los niños y niñas, tanto por parte de los equipos educativos como por las familias, evitando engaños o sorpresas desagradables, ya que esto puede generar mayor desconfianza e inseguridad en el niño o niña, influyendo negativamente en este período.
4. Validar las emociones y crear vínculo
Debemos esforzarnos en crear vínculo emocional con cada niño o niña y validar sus emociones desde la empatía y la paciencia. También es importante explicar a las familias cómo hacer esta validación. Durante la época de la adaptación surgen sentimientos de tristeza, miedo y añoranza. Como referentes, en lugar de minimizarlos y juzgarlos con comentarios “No pasa nada”, “No llores”, etc. Es importante escuchar la emoción del niño o niña, reconocerla y ponerle nombre, dado que en estas edades todavía no disponen de recursos suficientes para identificar y expresar lo que sienten.
5. Mantener rutinas estables
Es muy importante que tanto en la escuela como en casa se sigan rutinas estables, claras y previsibles como mantener horarios regulares de sueño, comidas y actividades. Las rutinas aportan a los niños y niñas estabilidad y seguridad. Cuando los niños y niñas saben qué va a pasar, se sienten más tranquilos y confiados, ya que pueden anticipar las actividades y entender mejor su entorno, de esta manera es más fácil que afronte la entrada en la escuela con más tranquilidad. Las rutinas también ayudan a favorecer una buena dinámica de grupo desde la diversidad de necesidades.
6. Respetar los objetos de apego y los recordatorios dibujados
Hay símbolos u objetos que pueden ayudar a los niños y niñas a sentirse tranquilos a pesar de estar separados de sus familias. La función de estos objetos de apego es que no son juguetes cualquiera, sino objetos con un gran valor afectivo que proporcionan seguridad, confort y tranquilidad al niño o niña ante situaciones nuevas o momentos de separación. Algunos de estos ejemplos de estos objetos son: mantillas, peluches, dibujos en la mano…
7. Fomentar la autonomía del niño o niña y la participación activa
Confiar en sus capacidades favorece su autoestima y la confianza en sí mismo, esto durante el período de adaptación es clave. Debemos respetar el ritmo de cada niño o niña, evitando anticiparse a sus necesidades, dándoles tiempo y ofreciéndoles oportunidades de autoaprendizaje en las pequeñas acciones del día a día, como colgar la mochila, quitarse la chaqueta, guardar su vaso… Además, favorecer la participación activa ayudará en el proceso de adaptación.
8. Crear un ambiente acogedor
Prepara el aula para que sea un espacio cálido, seguro y atractivo, con materiales accesibles y referentes visuales que ayuden a los niños o niñas a orientarse, a sentirse bien ya jugar. Además, es importante que las normas de uso de espacios estén muy claras con horarios visuales, pictogramas y etiquetas identificativas.
9. Favorecer el tiempo para jugar
Durante los primeros días es importante que promovamos ratos de juego libre, de juego dirigido en movimiento, juegos de mesa o simplemente ratos de juego en el patio que favorezcan la socialización entre iguales. En este sentido, los juegos cooperativos en movimiento dinamizados pueden resultar muy útiles.
10. Respetar los distintos ritmos de adaptación
Cada niño y niña vive la separación y los nuevos entornos de forma diferente. Es necesario evitar comparaciones y adaptar las expectativas a las necesidades de cada uno. También es importante transmitir esta idea a la familia para rebajar exigencias y ajustar expectativas a la realidad del momento y al ritmo y necesidad de cada niño o niña.
11. Promover actividades de cohesión de grupo
Los juegos de conocimiento y presentación, dinámicas cooperativas y propuestas lúdicas ayudan a romper el hielo, sentirse integrados, crear vínculos y ganar confianza dentro del grupo. También favorecen que el inicio de curso sea más seguro, cercano y divertido. Estas actividades también tienen como objetivo fomentar la comunicación, la participación, la cooperación y la escucha activa.
12. Definir las normas de convivencia
La definición de las normas y los límites de la escuela, la relación con los compañeros y compañeras y con el equipo educativo es esencial para una buena convivencia y para dar un marco de referencia claro a los niños y niñas con límites que les ayuden a crecer con autonomía y seguridad. También es necesario transmitir muy bien estas normas y límites a las familias para que desde casa puedan reforzar los mensajes, evitando así posibles malentendidos. Es interesante que los niños y niñas participen de forma activa en la elaboración de la normativa de convivencia para favorecer un clima de cohesión de grupo y de respeto por las normas, compañeros y compañeras y equipo educativo.
13. Favorecer las actividades al aire libre
Es importante aprovechar los espacios al aire libre para crear un ambiente relajado, placentero y de confianza al inicio de curso. Estos espacios permiten a los niños y niñas conocerse mejor, relacionarse con sus compañeros y crear nuevos vínculos a través del juego, la exploración y las experiencias compartidas.
Cabe recordar que el proceso de adaptación no depende únicamente del niño, sino que es un proceso compartido en el que participa toda la comunidad educativa.
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